LAS VOCES QUE FALTABAN

ESENCIA Y VOZ Por Karina Villegas

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Animación: ZonaDocs

Hablar de mujeres en México es hablar de una historia tejida a partir de resistencias, silencios y caminos que se abren con esfuerzo propio. Pero hablar de mujeres afromexicanas y afrodescendientes es adentrarnos en una parte de nuestra identidad colectiva que el país ha tardado demasiado en reconocer. Ese retraso histórico hace que este 28 de noviembre, cuando Ciudad Juárez será sede del “Primer encuentro fronterizo de mujeres afromexicanas y afrodescendientes”, no solo estemos presenciando un foro: estaremos presenciando un acto de reparación simbólica.

Una presencia tan antigua como México, pero invisibilizada por siglos.

La presencia afrodescendiente en México no es nueva. Está documentada desde la época colonial, aunque durante siglos quedó fuera de la narrativa oficial sobre “lo mexicano”. No fue sino hasta hace poco más de una década que el país comenzó a contar, de manera formal, a las personas afromexicanas en sus censos.

El INEGI dio un primer paso en 2015 al incluir una pregunta piloto sobre autoadscripción afrodescendiente en la Encuesta Intercensal. Los resultados sorprendieron al país: 1.38 millones de personas se reconocieron como afromexicanas o afrodescendientes. Pero aún faltaba un ejercicio más profundo.

En 2020, por primera vez en la historia, el Censo de Población y Vivienda incluyó oficialmente a esta población. Los datos mostraron algo contundente:

2.5 millones de personas en México se identifican como afromexicanas o afrodescendientes, lo que representa cerca del 2% de la población nacional.

Dentro de estas cifras, las mujeres tienen un peso central: el 51% de la población afromexicana son mujeres, y la mayoría viven en condiciones de desigualdad que se agravan por múltiples factores: género, color de piel, nivel socioeconómico, territorio y, en muchos casos, migración.

La frontera: un cruce de identidades, violencias y resiliencias

La frontera norte del país ha sido históricamente un espacio donde se entrecruzan culturas, caminos migratorios y violencias específicas. En ciudades como Ciudad Juárez, ser mujer ya implica navegar un contexto complejo; ser además afromexicana o afrodescendiente añade capas adicionales de discriminación, prejuicios y estigmas.

Las mujeres afrodescendientes que viven o transitan por la frontera enfrentan barreras para acceder a servicios de salud, oportunidades laborales, justicia y representación política. Muchas veces, incluso su identidad es cuestionada o negada. Y cuando el racismo se combina con el machismo, sus experiencias quedan aún más relegadas en el debate público.

Por eso, este primer encuentro fronterizo tiene una importancia enorme: trae al norte del país una conversación que durante décadas se ha concentrado en el centro y sur, y que urge ampliar si queremos hablar de un feminismo realmente interseccional.

Lo que ocurrirá el 28 de noviembre es más que un evento, será un espacio donde mujeres afrodescendientes podrán dialogar sobre sus vivencias, sus luchas y sus formas de resistencia; pero también será una oportunidad para celebrar sus aportes: la manera en la que cuidan, lideran, enseñan, crean comunidad y sostienen procesos que rara vez llegan a los titulares.

Un país que se nombra completo también debe escucharlas, incluir a las mujeres afromexicanas en la conversación pública no es solo un acto de justicia: es un acto de honestidad histórica. México no puede hablar de diversidad, igualdad o derechos humanos si sigue dejando fuera a quienes han sido parte fundamental de su tejido social desde hace más de 500 años.

Este encuentro en Ciudad Juárez es un llamado a mirarnos completas como nación. A reconocer que no existe feminismo posible si no incluye todas las historias. Y, sobre todo, a entender que cuando una mujer afrodescendiente levanta la voz, no solo habla por sí misma: abre camino para que otras puedan hacerlo.

Que este 28 de noviembre sea el inicio de algo más grande. Porque nombrarse es resistir… pero también es existir. Y es tiempo de que México las vea, las escuche y las abrace como siempre debió hacerlo.

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