Qué frío tan gacho se sintió ayer en la inauguración del tramo norte-sur de la ampliación de la avenida De las Torres. Y no, no fue por el aire helado de Juárez, sino por el congelador político en el que dejaron al alcalde Cruz Pérez Cuéllar. Ahí estuvo, solito como muñeco de rosca en enero, cortando listón sin compañía del gobierno estatal.
Porque resulta que don Rogelio Fernández Irigoyen, el dueño vitalicio —perdón, director— del Fideicomiso de Puentes Fronterizos, decidió aplicarle la clásica “gripa diplomática” al evento. Invitación sí hubo, pero ganas no. Y como buen gesto de solidaridad institucional, nadie del estado se apareció. Nadie nadie. Ni por error. A lo mejor todavía andan desempacando las maletas de las vacaciones.
Eso sí, en diciembre pasado, cuando la gobernadora Maru Campos inauguró el tramo sur-norte de la misma avenida, ahí sí apareció el alcalde, puntual y sonriente, dando clases magistrales de buena fe política. Pero ahora, que tocaba devolver la cortesía, el estado brilló por su ausencia. Cortesía nivel: “visto y no respondido”.
Las relaciones entre municipio y estado andan como los semáforos de Juárez: impredecibles. A veces verdes, a veces en rojo intenso y de repente ni funcionan. Así, sin avisar.
Pero dejando a un lado los berrinches institucionales, hay que decirlo: la obra sí va a ser un alivio para miles de juarenses del suroriente. Más de medio millón de habitantes se beneficiarán con esta ampliación que conecta arterias clave como Talamás Camandari y Yepómera. O sea, sí sirve, aunque los políticos anden en guerra fría.
El alcalde presume que la obra impacta a 80 mil personas, libera el tráfico de 35 mil vehículos diarios y mejora la movilidad de estudiantes y maestros de 44 escuelas. Todo muy bonito, muy medible y muy digno de presentación en power point.
Y como ningún político con aspiraciones electorales desperdicia una oportunidad, Cruz Pérez Cuéllar tiene bien puesta la mira en el suroriente. Ahí está cayendo una lluvia de obras: nueve repavimentaciones, cinco pavimentaciones con concreto hidráulico, arreglos eléctricos, bardas, aulas, canchas, domos, parques… y hasta el Estadio 8 de Diciembre. Nomás falta que pavimenten las banquetas con votos.
Porque claro, el plan es cosechar en 2027. Sembrar concreto hoy para levantar urnas mañana. Política básica, versión Juárez.
Mientras tanto, el frío institucional seguirá. Porque en Chihuahua, el clima político cambia más rápido que el del desierto: amaneces con sol y te cae una helada sin aviso.
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