EL GUION YA ESTÁ ESCRITO

RAYOS Y CENTELLAS Por Luis Carlos Carrasco

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El diputado y dirigente Alejandro Domínguez se encamina a la reelección sin sobresaltos visibles. Hasta ayer no se había registrado ningún otro aspirante, lo que en política no es casualidad, sino síntoma: control interno aceitado, operación territorial alineada y una estructura que, al menos hacia afuera, luce cohesionada. Quienes amagaron con levantar la mano terminaron bajándola o, simplemente, entendieron el mensaje.

Salvo sorpresa de último minuto —que en el PRI casi nunca ocurre sin aviso previo— el camino está despejado. Más que competencia, lo que habrá será ceremonia.

La cita está marcada: sábado a las 12:30 horas en la sede estatal del Partido Revolucionario Institucional. Se anticipa la llegada de camiones con militantes de distintos municipios, en una postal clásica del priismo: estructura movilizada, liderazgos territoriales presentes y el mensaje de unidad cuidadosamente escenificado. En estos eventos no sólo se registran candidaturas; se mide músculo.

La apuesta de Domínguez es clara: continuidad. En tiempos en que el PRI navega en aguas turbulentas a nivel nacional, la estabilidad interna en lo local se vende como activo. No es menor que en su nueva fórmula aparezca Janet Montes como candidata a la Secretaría General. Con ello, el dirigente busca consolidar una planilla que combine disciplina partidista y equilibrio en los grupos internos.

El mensaje hacia adentro es contundente: no hay fisuras. El mensaje hacia afuera es más complejo. Porque si bien la ausencia de contendientes refleja control, también abre la pregunta sobre la vitalidad democrática interna. ¿Es síntoma de fortaleza o de falta de alternativas reales? En un partido que históricamente fue sinónimo de competencia interna regulada desde el centro, las candidaturas de unidad siempre han tenido un doble filo: proyectan cohesión, pero reducen la deliberación pública.

Para Domínguez, la reelección significaría tiempo adicional para intentar reposicionar al PRI en un escenario dominado por otras fuerzas políticas. La tarea no es sencilla: reconstruir estructura, reconectar con el electorado y evitar que la militancia se diluya entre la nostalgia y la resignación.

Por ahora, el libreto marca aplausos, porras y discurso de unidad. La verdadera prueba vendrá después de la foto oficial, cuando la dirigencia reelecta tenga que demostrar que el control interno no sólo sirve para ganar asambleas, sino para recuperar terreno en las urnas.

Porque en política, la unanimidad es cómoda… pero las elecciones constitucionales son otra historia.

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