LAS OTRAS VOCES DEL 8M

ESENCIA Y VOZ Por Karina Villegas

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Imagen Las cadera de Eva

Cada año, cuando llega el 8 de marzo, las calles y las redes sociales se llenan de consignas, pancartas y debates sobre los derechos de las mujeres.

Es un día que invita a reflexionar, a recordar las luchas que han abierto camino y a reconocer que todavía existen pendientes importantes en la búsqueda de igualdad.

En medio de todo ese ruido hay algo que a veces queda relegado: las voces de millones de mujeres que no marchan, que no levantan una pancarta y que, aun así, sostienen todos los días la vida de sus familias, sus comunidades y sus ciudades.

El 8M se ha convertido en un símbolo poderoso. Como ocurre con muchos símbolos que crecen y se vuelven visibles, también puede simplificar una realidad mucho más compleja. Ser mujer no se vive de una sola forma.

Hay mujeres que deciden marchar y expresar su inconformidad desde las calles. Esa también es una forma legítima de participación social. Pero también están las otras mujeres: las que ese día están trabajando, las que están en la maquila cumpliendo un turno, las que atienden un negocio familiar, las que están detrás de un mostrador, en una oficina, en una escuela o en casa cuidando a sus hijos.

Rara vez aparecen en las fotografías del día, pero su esfuerzo también forma parte de la historia cotidiana de este país.

En ciudades como la nuestra, donde miles de mujeres salen a trabajar desde muy temprano —muchas veces antes de que amanezca— para sostener a sus familias, la realidad femenina tiene muchas más historias de las que caben en una consigna.

Hay madres que sacan adelante hogares enteros, emprendedoras que levantan negocios desde cero, profesionistas que se abren paso en espacios que antes les eran negados y jóvenes que sueñan con un futuro distinto.

Sus historias no siempre se cuentan con consignas, pero hablan con la fuerza de la experiencia diaria.

El debate público a veces termina reduciendo la conversación a extremos: o se está de un lado o se está del otro. La vida real no funciona así. La vida real está llena de mujeres distintas, con pensamientos distintos y con caminos distintos.

Esa diversidad también debería tener espacio en la conversación.

El avance para las mujeres no se construye únicamente desde el ruido. También se construye desde las decisiones cotidianas: estudiar, trabajar, emprender, cuidar, participar en la vida pública, formar comunidad.

Cada una de esas acciones, aunque parezca pequeña, también es una forma de transformación.

El reto hoy es entender que la causa de las mujeres no tiene una sola forma de expresarse. Pertenece a todas.

A las que marchan, sí, pero también a las que trabajan desde temprano, a las que sacan adelante a sus hijos a las que construyen oportunidades desde su barrio, su negocio o su profesión.

La historia de las mujeres no se escribe únicamente un día al año. Se escribe todos los días, en el esfuerzo silencioso de millones de mujeres que, sin micrófonos ni reflectores, siguen abriendo camino para las que vienen detrás. Tal vez, si aprendemos a escuchar más allá del ruido, descubramos que esas voces —las que casi nunca aparecen en los titulares— son, en realidad, las que sostienen todos los días a este país.

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