En un mundo lleno de “karely’s” “pesos plumas”, y “conejos malos” que viven en una “alucinada realidad”, para nosotros, los padres que estamos del otro lado de este mundo, al que cariñosamente llamo “universo escoria”, la tarea de educar a nuestros hijos cada día se entorpece más, convirtiéndola en una labor titánica. Rodeados de tecnología, nuestros hijos tienen acceso a programas, música y video juegos, que en su mayoría tienen un contenido vacío, carente de valores y de mísero intelecto. Lo peor del caso es que pareciera que ya no solo se debe educar a niños y adolescentes, sino también a sus padres quienes proporcionan, facilitan y les permiten el acercamiento a toda está podredumbre, aceptando que escuchen y vean PROGRAMACION, que solo normaliza e incitan a la violencia y la denigración social ante una humanidad que ya está demasiado excrementada, para que todavía seamos los padres quienes contribuyamos animando y festejándoles conductas que no van acorde a su edad.
Nuestra niñez y juventud están en un latente peligro y son presa fácil al ser altamente influenciables por personajes que les venden una vida llena de excentricidades, llenándolos de ideas nocivas.
Las alarmas ahí están, solo que en ocasiones los padres decidimos ignorarlas por miedo o comodidad. DEBEMOS TENER CONVERSACIONES INCOMODAS, pero necesarias y a tiempo y convertirlas en un hábito común y natural, para poder proporcionarles a nuestros hijos las herramientas necesarias y así evitar situaciones que los alejen de la seguridad que un hogar debe darles. Esperar a que ellos se acerquen a nosotros a pedir nuestro consejo, es un lujo que ya no podemos, ni debemos darnos. Tomemos la iniciativa de buscarlos y escucharlos sin prejuicios y sin minimizar sus sentimientos.
La educación, el amor y la atención que les demos a nuestros hijos los ayudará a crear herramientas que poco a poco contribuirán al desarrollo del criterio que los exhorte a cuestionarse y distinguir sobre lo que los hará empoderarse de una manera positiva.
Todos los padres la hemos cagado y lo vamos a seguir haciendo, pero ya es hora (y andamos tarde) de responsabilizarnos de nuestros roles, porque la excusa barata de que “cada quien educa a sus hijos como quiere”, ha dejado muchas consecuencias negativas; que monserga lidiar con mocosos sin educación e irrespetuosos.
Recordemos, que la calle tiene un aforo muy extenso y siempre estará con los brazos abiertos lista para “enseñar” sus propias reglas y leyes.
Vale la pena preguntarnos: “¿QUIEN ESTA EDUCANDO A NUESTROS HIJOS?
“El niño que no sea abrazado por su tribu, cuando sea adulto, quemará la aldea para sentir su calor”, proverbio africano.
Pero, p’s cada quien…
CARTAPACIO
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