TOMATES, AMENAZAS Y FRONTERAS

ESENCIA Y VOZ Por Karina Villegas

0
2408

Otra vez, los tomates.

Otra vez, las amenazas de aranceles.

Otra vez, Donald Trump.

No es la primera vez que desde Estados Unidos se usa el comercio como arma política, ni es la primera que el campo mexicano —y particularmente el de exportación— se convierte en rehén de intereses políticos ajenos. Esta semana, volvió a sonar fuerte el tema de los aranceles al tomate mexicano. Y más allá de la cifra en los encabezados o las respuestas diplomáticas, lo que vuelve a quedar claro es que quienes terminan pagando esta guerra no son los políticos ni los empresarios más grandes: son los trabajadores del campo, los jornaleros, las mujeres empacadoras, las comunidades rurales, los pequeños productores y, al final, también tú y yo.

Ciudad Juárez lo sabe bien. Somos frontera, pero no sólo geográfica. Somos frontera económica, social, emocional. Lo que pasa en Estados Unidos nos pega con fuerza inmediata. Las decisiones que se toman allá, las sentimos aquí… en los precios, en los empleos, en el clima político, en la narrativa del “otro”.

Los tomates no son sólo tomates. Son símbolo. Son sustento. Son manos que los siembran, que los seleccionan, que los empacan. Son historias de generaciones que han vivido de la tierra, que han aprendido a exportar calidad, que han resistido a tratados, crisis, pandemias y ahora también a caprichos.

Porque no nos engañemos: lo que está haciendo Trump —como ya lo ha hecho antes— no es defender a los productores estadounidenses, es agitar el discurso nacionalista, revivir el miedo al “invasor económico”, usar a México como chivo expiatorio, apelando a lo peor del sentimiento estadounidense: el racismo, el proteccionismo mal entendido, el desprecio por el sur y ahora desde el poder, sigue aplicando esta misma lógica de confrontación para reforzar su narrativa interna aun a costa de la relación bilateral y de millones de trabajadores y agricultores mexicanos que sostienen el intercambio cultural día con día.

Pero ¿y nosotros? ¿Vamos a seguir respondiendo con frialdad técnica? ¿Con declaraciones tibias? ¿Con resignación?

Desde Esencia y Voz, yo digo que no.

Porque no se trata sólo de economía. Se trata de dignidad. Y es justo ahí donde se vuelve clave que nuestra presidenta esté defendiendo la soberanía con claridad, firmeza y sin subordinación, como debe hacerlo todo gobierno que se respeta y respeta a su pueblo. Seamos simpatizantes o no de su proyecto, lo cierto es que todos los mexicanos —más allá de partidos o ideologías— queremos ver a nuestra mandataria actuar con fuerza cuando se trata de proteger a nuestra gente, nuestro trabajo y nuestra soberanía. Esa defensa no es opcional: es su deber, y también nuestro derecho y me permito decir que según mi opinión lo está haciendo bien.

México no puede ni debe permitir que nuestros productos, y mucho menos nuestra gente, sigan siendo usados como moneda de cambio. Y desde el norte del país —desde Juárez, desde Sonora, desde Sinaloa— debemos alzar la voz no sólo por la economía, sino por las historias humanas que hay detrás de cada camión de producto mexicano que cruza la frontera.

Esto también es un tema de soberanía alimentaria, de justicia laboral, de identidad regional. Y aunque no todos siembren tomates, todos cosechamos las consecuencias de este tipo de decisiones.

La próxima vez que veas los precios subir, o escuches que se cancelaron exportaciones, piensa en todo lo que hay detrás. No son cifras. Son personas. Y como sociedad, merecemos políticas públicas y relaciones internacionales que estén al servicio de la gente… no al servicio del miedo ni de la manipulación.

Hoy los tomates.

Mañana, ¿qué más?

Y aunque desde este espacio no puedo negociar tratados ni detener a Trump, sí puedo levantar la voz. Para recordar que detrás de cada crisis económica hay un rostro humano. Y que no hay tratado comercial que valga la pena, si lo que se encarece… es nuestra dignidad.

Conectajuarez no se hace responsable de los puntos de opinión de los columnistas que participan en este medio de comunicación, es responsabilidad única de quien lo escribe, el autor sostiene cada uno de sus argumentos.