Es innegable que cada vez vemos más infracciones cometidas por menores, y lo preocupante es que los delitos han escalado en seriedad. Ya no hablamos solamente de pequeños robos -que de por sí suelen ser la antesala de algo más grande-, sino de crímenes mucho más graves.
Y aquí surge la pregunta incómoda: ¿debe juzgarse un delito por lo que es, sin importar la edad del infractor? Porque hoy vemos a muchísimos menores cometiendo actos sumamente violentos, y aun así reciben condenas blandas o, en muchísimos casos, ninguna.
Incluso hay reincidencias. No es un caso aislado, es un patrón. Recordemos hace algunos meses el hecho de violencia entre dos “influencers”, donde la víctima estuvo a punto de perder la vida. La atacante, menor de edad, no recibió una pena alta y, supuestamente, se le otorgó el perdón. Pero… ¿un delito así no debería seguirse de oficio? ¿Acaso no es lo suficientemente grave como para que el sistema actúe con firmeza? El resultado es que esa jovencita agresora regresó tranquilamente a su vida normal y, para colmo, la polémica seguramente la hará más famosa, porque el morbo vende… y vende bien.
Sí, urge acompañamiento psicológico tanto para los infractores como para sus tutores. Pero eso no debe anular la idea de una condena. Y ahí está otra de las grandes fallas: los recursos. Hace falta que el Estado deje de mirar para otro lado y que rompa el cochinito, porque los centros de reclusión juvenil, en lugar de rehabilitar, muchas veces terminan siendo escuelas del crimen. No corrigen, entrenan. Y si a eso le sumamos los abusos dentro de esas instituciones -niñas violentadas, niños golpeados-, lo que debería ser un espacio de reinserción se convierte en una condena doble: una para la víctima del delito y otra para el menor infractor que se hunde todavía más en la violencia.
Datos arrojados por el sistema de justicia para adolescentes muestran que de los 28,345 señalamientos de menores envueltos en algún delito, solo hubo 1,348 internamientos.
Los datos de la siguiente tabla deberían inquietarnos y exigir que exista más peso en las condenas que se les dan a estos angelitos infractores:
Grupo Etario – Delitos Graves (solo para internamiento) – Duración Máxima de Internamiento
I – 12 a <14 años ~No se permite internamiento, incluso si ocurre delito grave
II – 14 a <16 años ~Secuestro · Trata · Terrorismo · Extorsión agravada · Narcotráfico · Armas exclusivas · Homicidio · Violación · Lesiones graves · Robo con violencia ( 3 años máximo)
III – 16 a <18 años ~Mismos delitos graves listados arriba (5 años máximo)
Es decir: si un niño de 13 años comete un homicidio, ni siquiera pisa un centro de internamiento. Y si un adolescente de 17 asesina o viola, como máximo estará encerrado 5 años. Después, “borrón y cuenta nueva” y a darle que es mole olla.
La delincuencia de jóvenes y niños es un problema que merece medidas firmes. Resolverlo es un trabajo conjunto de la policía, la fiscalía, los servicios sociales, la educación y la salud mental. Todos deben operar con protocolos claros, porque sin coordinación seguirán sin existir resultados.
No es un problema que se resuelva de la noche a la mañana, pero se debe empezar ya, con programas reales de reinserción. Se debe depurar al mal personal que maneja los centros de internamiento y sustituirlos por especialistas capaces.
Al final, el mensaje que se manda es peligroso: delinquir siendo menor es casi un pase gratis. Y mientras la justicia apapache, nosotros recibimos el ‘madrazo’.”
“La justicia atrasada es justicia denegada.”
— William Ewart Gladstone
Pero… p´s cada quien
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