MIENTRAS EL MUNDO MIRA AFUERA…

ESENCIA Y VOZ Por Karina Villegas

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Mientras el mundo mira hacia afuera, aquí, en Ciudad Juárez, hay un niño que aún no tiene nombre.

El fin de semana, la atención global volvió a centrarse en Medio Oriente. Las tensiones escalaron nuevamente, con la participación de Estados Unidos bajo el liderazgo de Donald Trump, reavivando un conflicto que preocupa no solo por lo que representa en términos geopolíticos, sino por las consecuencias que puede tener en la economía y en la estabilidad global.

Al mismo tiempo, en México, la conversación tomó otro rumbo. Declaraciones, posturas y señalamientos entre la presidenta Claudia Sheinbaum y su homólogo estadounidense ocuparon titulares, análisis y espacios de opinión.

Dos escenarios distintos, dos niveles de poder, dos conversaciones que parecen lejanas… pero que, de alguna forma, siempre terminan conectándose.

Y mientras todo eso pasaba, aquí en Ciudad Juárez, ocurría algo más, algo que no debería perderse entre tanto ruido.

El cuerpo de un niño de aproximadamente dos años fue encontrado sin vida en un terreno baldío. No se sabe quién es, no se sabe de dónde viene, no se sabe quién lo buscaba… o si alguien lo está buscando.

Un niño sin nombre.

Sin historia.

Sin identidad.

En medio de un mundo saturado de información, de conflictos internacionales y de debates políticos, su caso corre el riesgo de convertirse en una nota más. De esas que duran un día… y después se pierden.

Pero esto no debería pasar.

Mientras discutimos lo que ocurre a miles de kilómetros de distancia, hay realidades que están ocurriendo aquí, a unos cuantos minutos de nosotros.

Realidades que no se explican con geopolítica, pero que dicen mucho más sobre quiénes somos como sociedad.

La frontera tiene algo muy particular: aquí lo global y lo local se cruzan todo el tiempo.

Aquí se sienten las decisiones internacionales, los cambios en la relación entre países, los efectos económicos de conflictos lejanos. Pero también aquí se viven, de forma mucho más cruda, historias que rara vez ocupan los grandes titulares.

Historias como la de este niño, y es justo ahí donde no podemos darnos el lujo de voltear la mirada.

No todo se trata de lo que se dice en una conferencia o de lo que se negocia entre gobiernos. También habla de la capacidad que tenemos como sociedad para no ser indiferentes ante lo que duele, ante lo que incomoda, ante lo que exige una respuesta.

Hoy, las autoridades han pedido apoyo para poder identificar a este menor. Se han difundido datos, se han abierto líneas de investigación, se sigue buscando.

Pero la pregunta va más allá.

¿Estamos haciendo lo suficiente para que este caso no quede en el olvido?

En un momento donde todo compite por nuestra atención —guerras, declaraciones, confrontaciones— hay historias que necesitan algo más que un espacio en la noticia: necesitan voz, necesitan que digamos “esto importa”.

Porque sí, lo que pasa en el mundo importa, las decisiones globales importan, las relaciones entre países importan.

Pero lo que pasa aquí… también importa.

Y a veces, incluso más.

Es aquí donde realmente se mide el impacto de cualquier discurso, de cualquier política, de cualquier gobierno.

En la capacidad de proteger, de responder, de no dejar a nadie atrás. Ni siquiera a quienes ya no pueden hablar por sí mismos. Más allá de cualquier debate internacional o confrontación política, hay algo que no podemos permitir: que este niño se quede sin nombre.

Que se convierta en una cifra, que se diluya entre titulares, que pase al olvido, sin un nombre, sin un culpable.

Y quizá, en medio de tanto ruido, vale la pena detenernos un momento y recordar esto:

Que hay historias que no pueden esperar. Que hay realidades que no admiten distracción.

Y que hay nombres que aún no conocemos… pero que merecen ser encontrados.

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