EL GUSANO QUE NADIE VIO VENIR Y QUE TODOS ESTABAN VIENDO

DE TÚ A TÚ Por César Calandrelly

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No, el título claramente no se refiere a ningún político, permítame contarle antes una historia: Alfredo Montes cría ganado en San Buenaventura. Lleva años haciéndolo, tal como su padre antes que él y como muchos de sus vecinos en esa franja del estado donde la ganadería no es un negocio abstracto sino el sustento concreto de familias que organizan su vida entera alrededor del hato. Cuando le preguntaron por el gusano barrenador, su respuesta fue tan sencilla como devastadora: a él todavía no le había llegado la plaga, pero tampoco le habían llegado las autoridades. Ninguna capacitación, ningún técnico, ninguna visita de orientación. Solo la noticia de que la infestación avanzaba y la certeza de que, si llegaba a sus animales, no sabría exactamente qué hacer.

Eso es lo que está pasando en Chihuahua en este mes de agosto, mientras la mayoría del estado discute de política o de la casa de los famosos. El gusano barrenador, una plaga causada por la mosca Cochliomyia hominivorax que se alimenta del tejido vivo de los animales infectando sus heridas con larvas, lleva ya un mes en el estado y ya sumaba al corte del 15 de agosto 148 casos históricos con 82 infecciones activas distribuidas en 29 municipios. Ciudad Juárez, que es nuestra línea fronteriza, ya aparece en el mapa. La capital del estado, también. Lo que comenzó el 14 de julio con un becerro infectado en Hidalgo del Parral se convirtió en semanas en una emergencia sanitaria que el gobierno estatal enfrenta apenas con 81 millones de pesos, un grupo de emergencia recién constituido y una carrera contra el tiempo que, por ahora, nadie está ganando con claridad.

El contexto lo hace todavía más grave. México había sido declarado libre del gusano barrenador en 2003, un logro que costó décadas de esfuerzo sanitario binacional con Estados Unidos. El brote actual reapareció en noviembre de 2024 en Chiapas y fue avanzando hacia el norte con una velocidad que las autoridades federales no supieron contener a tiempo. Chihuahua resistió durante meses. Hasta que no resistió más. Y ahora el estado, que es el principal exportador de ganado en pie, al mercado estadounidense, enfrenta una crisis que no solo amenaza la salud de sus animales sino algo que les duele mucho más directamente a las familias ganaderas: la frontera sigue cerrada para las exportaciones de ganado desde hace más de un año, y las estimaciones de pérdida económica acumulada ya rondan los mil millones de dólares.

Eso no es una cifra de boletín. Es el año perdido de cientos de productores que tenían animales listos para cruzar y no pudieron hacerlo. Es el rancho que entró en números rojos, el crédito que se renovó con peores condiciones, la familia que redujo gastos esperando que la frontera se reabriera en agosto, luego en septiembre, bueno quizás en octubre. El USDA abrirá el puerto de Douglas, Arizona, el 24 de agosto, pero enfocado inicialmente en Sonora. Los cruces de San Jerónimo-Santa Teresa y Palomas-Columbus, que son los que le exportan a Chihuahua, avanzan de manera escalonada y sin fecha fija. Y mientras tanto el gusano barrenador llegó a Juárez, que está a metros de la línea, lo que compromete directamente la estrategia de mantener una franja de 300 kilómetros libre de infestación a lo largo de la frontera como condición para reanudar las exportaciones.

La gobernadora Maru Campos se plantó frente a los ganaderos y lo dijo sin rodeos: hoy está en juego el sustento de miles de familias chihuahuenses. Y aprovechó para pedirle al gobierno federal que dejara de lado las diferencias políticas y se sumara con la urgencia que el problema requiere. Ese llamado dice mucho sobre el estado de la coordinación institucional en esta emergencia que lleva semanas acelerándose. Una plaga sanitaria de esta magnitud no entiende de colores partidistas, pero aparentemente los tiempos de respuesta federal sí.

El campo chihuahuense llegó a esta crisis después de años de sequía, de aranceles, de cierre de fronteras y de apoyos federales que llegaron tarde o no llegaron. El gusano barrenador no es un castigo del destino ni un fenómeno imprevisible: era rastreable desde que reapareció en el sur del país en noviembre del año pasado. Lo que falló no fue la naturaleza. Fue la velocidad de respuesta de quienes tenían la responsabilidad de contenerlo antes de que llegara a Chihuahua.

Alfredo Montes sigue esperando que alguien llegue a su rancho a enseñarle qué hacer. Ojalá lleguen antes que el gusano barrenador.

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