UNA PATRIA QUE TODAVÍA LES DEBE UN NOMBRE

ESENCIA Y VOZ Por Karina Villegas

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Esta noche, millones de personas volverán a pronunciar con orgullo el nombre de México. Habrá banderas, música, fuegos artificiales y plazas llenas. Recordaremos a quienes lucharon por la Independencia y repetiremos los nombres de los hombres y las mujeres que forman parte de nuestra historia.

Sin embargo, mientras celebramos la identidad que compartimos como nación, en Ciudad Juárez hay 117 personas que fueron sepultadas sin haber recuperado la suya.

El pasado 11 de septiembre, la Dirección de Servicios Periciales y Ciencias Forenses de la Fiscalía General del Estado inhumó 117 cuerpos no identificados en el Panteón San Rafael. De acuerdo con la información oficial, se estima que todos corresponden a personas adultas y fueron colocados en fosas individuales, bajo un registro que permitirá su localización en caso de que posteriormente sea posible identificarlos. No se trata solamente de 117 cuerpos. Son 117 historias interrumpidas. Personas que alguna vez tuvieron una familia, un lugar de origen, una voz, costumbres y posiblemente alguien que todavía se pregunta dónde están.

Las autoridades realizaron el procedimiento con la participación de especialistas en medicina forense, antropología, genética y criminalística. La conservación de expedientes y perfiles genéticos mantiene abierta la posibilidad de que algún día esas personas recuperen su nombre y puedan volver con sus familias. Es un esfuerzo que debe reconocerse, especialmente por el trabajo de quienes diariamente enfrentan una labor tan compleja y dolorosa.

Pero la existencia de 117 personas sin identificar también debe llevarnos a mirar una realidad que no podemos normalizar. Detrás de cada cuerpo puede existir una familia que vive entre la esperanza y la incertidumbre, sin saber si debe seguir buscando o comenzar un duelo que tampoco sabe cómo cerrar. Para quienes buscan a una persona desaparecida, el paso del tiempo no siempre ofrece respuestas. Cada llamada puede despertar esperanza; cada noticia sobre un cuerpo localizado puede provocar miedo. La ausencia se convierte en una espera permanente que afecta a familias enteras y que no termina mientras no exista certeza.

Ciudad Juárez conoce demasiado bien el significado de las ausencias. Por su condición fronteriza, es una ciudad de tránsito, de migración y de personas que llegan desde lugares distintos. También ha vivido periodos de violencia que dejaron familias buscando a quienes nunca regresaron. En ese contexto, la identificación forense no puede considerarse únicamente un procedimiento administrativo: es una obligación humana y una responsabilidad del Estado.

Celebrar la Independencia también debería llevarnos a pensar en la dignidad que representa pertenecer a un país. Tener una identidad no consiste solamente en contar con un documento oficial. Significa ser reconocido, tener derechos, formar parte de una comunidad y saber que, incluso después de la muerte, alguien protegerá nuestro nombre y nuestra historia.Por eso, los esfuerzos para identificar a estas personas deben continuar. Se necesita coordinación entre instituciones, actualización constante de bases de datos, comparación de perfiles genéticos y acompañamiento cercano a las familias buscadoras. También es indispensable que existan recursos suficientes para los servicios forenses, porque la falta de personal, tecnología o capacidad institucional puede prolongar durante años una respuesta que alguien espera todos los días.

Este tema no debería convertirse en una bandera partidista ni utilizarse para obtener ventaja política. El dolor de las familias merece respeto. La identificación de los cuerpos y la búsqueda de personas desaparecidas son responsabilidades que deben mantenerse por encima de gobiernos, colores y procesos electorales.

En estas fechas hablamos mucho del orgullo de ser mexicanos. Recordamos nuestra historia y pronunciamos los nombres de quienes construyeron la nación. Pero una patria no puede vivir solamente de los nombres del pasado mientras permite que en el presente haya personas enterradas sin el suyo.

Esta noche, cuando escuchemos el Grito de Independencia, vale la pena recordar que México también está formado por quienes hoy no pueden decirnos quiénes son. Por quienes permanecen ausentes y por las familias que todavía los buscan.

Una nación verdaderamente digna no se conforma con contar a sus muertos. Los identifica, les devuelve su nombre y hace todo lo posible para regresarlos con quienes aún los esperan.

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