EL RETO COMIENZA DESPUÉS DE LA DESIGNACIÓN

ESENCIA Y VOZ Por Karina Villegas

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Morena ya definió a quienes encabezarán las coordinaciones estatales de la Defensa de la Transformación rumbo a 2027. En Chihuahua, la responsabilidad quedó en manos de Cruz Pérez Cuéllar, después de un proceso en el que también participó Andrea Chávez, Martín chaparro, entre otros.. Conocer el resultado despeja una pregunta importante, pero abre otra: ¿cómo se construye la unidad después de una contienda interna que despertó expectativas y movilizó a tantas personas?

Vale la pena decirlo con claridad: una coordinación no es todavía una candidatura formal, y tampoco determina por sí sola el resultado de una elección. Lo que ocurra en 2027 dependerá de muchos factores, por eso, hablar de los retos que dejó este proceso no significa pronosticar una derrota ni desear que suceda. Significa tomar en serio el trabajo que viene.

En Chihuahua hubo equipos que recorrieron el estado, organizaron encuentros y defendieron con convicción proyectos distintos. Quienes apoyaron a Andrea Chávez tienen derecho a sentirse decepcionados por el resultado, reconócelo no equivale a cuestionar la legitimidad de la designación de Cruz Pérez Cuéllar. Es entender que detrás de cualquier proceso interno hay personas cuyo esfuerzo y expectativas no desaparecen al anunciarse un nombre. viviré una no no

La unidad puede construirse, pero difícilmente surge de pedirles a todos que actúen como si nada hubiera pasado. Tampoco basta con reunir a los distintos liderazgos para una fotografía. Una operación cicatriz empieza por escuchar sin descalificar, reconocer el trabajo de cada equipo y abrir espacios reales para participar en la siguiente etapa. La dirigencia tiene un papel fundamental en esa tarea; no puede asumir que la inconformidad se resolverá sola con el paso de las semanas.

Lo ocurrido en otros estados también merece atención. En Baja California Sur se expresó públicamente una inconformidad tras la designación de la coordinación. En Nayarit, la decisión puso sobre la mesa los acuerdos con el Partido Verde, mientras que en San Luis Potosí ambos partidos seguirán caminos separados. El Partido del Trabajo, por su parte, ha manifestado diferencias sobre el proceso. Las circunstancias no son iguales en cada entidad, pero muestran que mantener unido a un movimiento amplio requiere diálogo y trabajo político constante.

Sería injusto suponer que toda diferencia interna terminará en una fractura. Dentro de un partido pueden existir preferencias distintas y, aun así, construirse un objetivo común. Lo decisivo es cómo se atienden esas diferencias. Cuando se reconoce a quienes participaron y se explican las decisiones con claridad, es más fácil recuperar la confianza que cuando sólo se les pide cerrar filas ahí se corre el riesgo de confundir el silencio con el convencimiento.

A quienes fueron designados también les corresponde dar el primer paso. Ganar una coordinación les da la responsabilidad de conducir, pero construir un proyecto estatal exige escuchar más allá del equipo que los acompañó durante el proceso. En Chihuahua, eso significa acercarse a quienes respaldaron otras aspiraciones y demostrarles, con decisiones concretas, que su trabajo y sus ideas tienen lugar.

Después vendrá una tarea igual de importante: hablarle a la ciudadanía. Las diferencias internas ocupan hoy buena parte de la conversación política, pero quienes votarán en 2027 esperan propuestas sobre seguridad, servicios públicos, empleo y las necesidades de sus comunidades. Resolver el proceso interno debe permitir que el movimiento concentre sus esfuerzos en responderles, no mantenerlo indefinidamente mirando hacia sí mismo.

Morena todavía tiene tiempo para hacer ese trabajo. La designación de coordinadores fue una etapa necesaria; convertirla en una oportunidad para sumar dependerá de la disposición de la dirigencia, de quienes resultaron elegidos y de todos los equipos para escucharse y encontrar una forma de avanzar juntos.

La unidad es posible y precisamente porque importa, no conviene darla por hecha. Se construye reconociendo lo que dejó el proceso, atendiendo a quienes hoy se sienten lastimados y haciendo que cada persona que trabajó por este proyecto encuentre razones para seguir formando parte de él. Ese es el reto que comienza después de la designación.

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