Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar: la herida que Morena no logra sanar

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RAYOS Y CENTELLAS Por Luis Carlos Carrasco

La designación del alcalde juarense como defensor estatal de la Cuarta Transformación abrió una disputa que amenaza con opacar el discurso de unidad rumbo a 2027. La senadora con licencia no oculta sus diferencias y sus declaraciones elevan la tensión dentro del morenismo chihuahuense.

En Morena, la unidad suele presumirse en los discursos, pero las diferencias se hacen evidentes cuando llegan las decisiones sobre quién tendrá la oportunidad de competir por el poder. En Chihuahua, la designación de Cruz Pérez Cuéllar como defensor estatal de la Cuarta Transformación dejó una herida política que, al menos por ahora, Andrea Chávez no parece dispuesta a cerrar.

La senadora con licencia, convertida ahora en defensora de la 4T en Ciudad Juárez, no termina de reconocer políticamente a quien fue designado en el ámbito estatal y mucho menos ha dado una señal pública de respaldo que permita hablar de reconciliación. El mensaje es claro: la decisión de la dirigencia morenista no dejó a todos conformes.

La disputa comenzó hace aproximadamente dos semanas, cuando el partido se inclinó por Pérez Cuéllar y dejó fuera a la legisladora juarense de la posición que buscaba. Desde entonces, las diferencias han ido tomando forma en declaraciones, gestos y mensajes que alimentan la percepción de una competencia interna cada vez más ríspida.

El episodio más reciente ocurrió durante una rueda de prensa. Cuestionada sobre su experiencia, Andrea lanzó críticas que, aunque no incluyeron directamente el nombre del alcalde, fueron interpretadas como alusiones a su trayectoria política. Habló de quienes no necesitan experiencia para ser corruptos, cambiar de partido en partido, perseguir intereses personales o abandonar responsabilidades.

No fue un comentario discreto ni una diferencia ventilada en los pasillos del partido. Las palabras se pronunciaron ante los medios de comunicación, con Brigitte Granados, dirigente estatal de Morena, sentada a su lado.

La escena dejó más preguntas que respuestas. ¿Se trata de una diferencia de criterios o de una disputa por el liderazgo político de Morena en Chihuahua? ¿Hasta dónde llegará el desencuentro entre dos figuras que necesitan convivir dentro del mismo proyecto partidista?

Por lo pronto, la confrontación exhibe que la designación no ha conseguido apagar la competencia interna. Cruz tiene ahora una posición política que lo coloca en el centro de las expectativas rumbo a 2027, mientras Andrea conserva presencia pública y aspiraciones propias. Ninguno necesita declarar abiertamente una ruptura para que las diferencias sean perceptibles. Pero hay algo más en el fondo de este intercambio: la discusión sobre la honestidad y la congruencia política.

Cuando una figura pública cuestiona la trayectoria de sus adversarios, coloca también su propio desempeño bajo el escrutinio. Y en el caso de Andrea Chávez, su actividad política ha estado acompañada de controversias y cuestionamientos mediáticos relacionados con gastos de promoción anticipada, versiones sobre el uso de ambulancias y servicios médicos, así como su cercanía con el senador Adán Augusto López. Se trata de asuntos que deben analizarse a partir de información verificable, sin convertir señalamientos o versiones públicas en culpabilidades demostradas.

Precisamente por eso, la exigencia de transparencia debe ser pareja. Ni las acusaciones contra Cruz sustituyen la necesidad de presentar pruebas, ni los cuestionamientos que enfrenta Andrea autorizan a dar por ciertos hechos que no hayan sido acreditados. En política, la crítica es legítima; la descalificación sin sustento, no.

Si Andrea Chávez pretende defender una imagen de congruencia y limpieza política, tendrá que respaldarla con explicaciones claras sobre los temas que han generado controversia. Y si Cruz Pérez Cuéllar aspira a encabezar el proyecto morenista en Chihuahua, también deberá responder por su trayectoria y someterse al escrutinio público.

Al final, el problema para Morena no es que dos de sus figuras tengan diferencias. La competencia interna forma parte de la vida partidista. El verdadero desafío es evitar que la disputa por las posiciones de 2027 termine desplazando la discusión sobre propuestas, resultados y soluciones para los chihuahuenses.

Porque la Cuarta Transformación puede tener varios aspirantes, pero el discurso de unidad pierde fuerza cuando sus propios representantes parecen más ocupados en marcar territorio que en explicar qué proyecto ofrecen a la ciudadanía. Y en esa batalla, levantar o no la mano puede ser apenas un gesto. Las declaraciones, en cambio, dejan huella y obligan a todos a responder por lo que dicen.

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