BRAZOS VACÍOS QUE YA NO SE LLENAN

P´S CADA QUIEN Por Sonia Espino

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Animación por elplaneta.com

¿Qué vida hay después de la muerte de un hijo?

Las madres desearíamos que la vida siguiera su curso natural: que seamos nosotras quienes muramos primero. Pero tristemente, no siempre es así.

Muchísimas mujeres viven —y muchas otras simplemente sobreviven— con un agujero latente en el alma que jamás se cierra.

Después de la muerte de un hijo, pareciera que la sociedad —casi como si fuera una regla cultural— recrimina a cualquier madre que se atreve a vivir su vida.

Pinche sociedad de doble moral, esa que exige que las madres recuperen pronto el ánimo y encuentren resignación, pero no les perdona la reconstrucción.

A eso se suma el remordimiento que muchas de ellas sienten por “descuidar a sus otros hijos”, porque el dolor simplemente las paraliza.

La maternidad viene llena de expectativas y mandatos, y perder a un hijo los multiplica y los hace más visibles.

Una madre con los brazos vacíos, de alguna manera, se vuelve centro de atención: algunos la abrazan, otros la juzgan.

He conocido y convivido de cerca con madres que han perdido un hijo.

La mayoría no vive: sobrevive.

Y si algo he aprendido al escucharlas, es que, aunque compartan la misma herida, cada una carga su duelo a su tiempo, a su modo, con sus silencios.

Los brazos vacíos nunca se llenan.

Y muchas de esas madres con luto perpetuo no saben cómo avanzar, cómo seguir, cómo reordenar su mundo.

Su brújula materna fue alterada para siempre. Ya no volverá a calibrarse.

Cada madre debe saber —y sentir— que no será señalada por nadie si, después de tanto dolor, decide tomar los cachitos que quedan para reconstruirse, reinventarse y comenzar otra vida, acompañada de recuerdos y de un amor sin caducidad.

Ninguna madre debe ser juzgada por sonreír nuevamente.

Eso no es traición a su hijo fallecido: es resiliencia pura, sostenida por un valor que muchos ni siquiera alcanzamos a comprender.

La empatía social es cada vez más escasa, y los juicios, más lacerantes.

Si no vamos a ayudar, al menos no estorbemos. No seamos mierdillas.

Porque nadie sabe lo que a ellas les costó levantarse hoy de la cama, ni el coraje que necesitaron para mirarse al espejo y enfrentarse a su nueva realidad.

Aplaudamos y reconozcamos la bravura de aquellas madres que avanzan a pesar de…

Escuchemos a las que están intentando seguir, y abracemos con respeto a quienes aún no pueden moverse del lugar donde las dejó el dolor.

“El amor no muere. Hoy es más grande y fuerte que nunca, porque les da el coraje para seguir.”

“No hay quien camine igual después de perder un hijo, pero ellas siguen andando, con pasos nuevos… nacidos desde el amor.”

Pero… P´S CADA QUIEN

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