LOS SOBREVIVIENTES

ESENCIA Y VOZ Por Karina Villegas

0
137

En política, como en la vida, hay quienes triunfan y hay quienes sobreviven. A veces, los que sobreviven terminan durando más que los primeros.

La historia política mexicana está llena de sobrevivientes. Partidos que parecían acabados, liderazgos que se daban por derrotados y proyectos que muchos consideraban parte del pasado. Sin embargo, una y otra vez, encuentran la manera de volver, de adaptarse o simplemente de permanecer.

Por eso, cada vez que alguien anuncia la muerte definitiva de una fuerza política, conviene recordar esa primicia.

Durante años escuchamos que el PRI estaba terminado. Primero tras perder la Presidencia en el año 2000, después de su regreso en 2012 y nuevamente tras la elección de 2018, cuando millones de mexicanos apostaron por un cambio de rumbo y Morena se consolidó como la principal fuerza política del país. Para muchos, aquello parecía el capítulo final de una historia que había dominado México durante décadas.

Pero la realidad suele ser más compleja que los discursos de victoria, los resultados electorales recientes han vuelto a demostrar que los partidos rara vez desaparecen por completo. Pueden perder espacios, sufrir derrotas importantes, reducir su influencia o atravesar crisis profundas, pero eso no significa necesariamente su extinción.

En el caso del PRI, la pregunta resulta inevitable. ¿Cómo puede seguir siendo competitivo después de tantos años de desgaste político, señalamientos de corrupción y prácticas que marcaron negativamente nuestra vida democrática?

La interrogante cobra especial relevancia cuando recientemente volvieron a circular denuncias, videos y evidencias sobre presuntas prácticas de compra y movilización del voto. Imágenes que para muchos mexicanos evocan una etapa que se suponía superada y que recuerdan algunos de los mecanismos que durante años generaron desconfianza hacia las instituciones electorales. La indignación que provocan estas situaciones es comprensible, la democracia pierde fuerza cuando la voluntad ciudadana se condiciona o se intenta sustituir por beneficios temporales. El voto debe ser libre, informado, consciente y secreto. No debería depender de presiones, favores ni necesidades económicas.

Sin embargo, incluso frente a estos cuestionamientos, el PRI sigue existiendo y esa realidad nos obliga a mirar más allá de la coyuntura.

Los partidos políticos no sobreviven únicamente por sus dirigencias nacionales ni por las campañas que realizan cada tres o seis años. Sobreviven porque construyen estructuras, forman liderazgos locales, generan identidad entre determinados sectores de la población y, en muchos casos, se convierten en parte de la historia política de comunidades enteras.

También sobreviven porque las sociedades son diversas.

Las redes sociales suelen crear la impresión de que existe una sola conversación nacional y una sola visión dominante de la realidad. Pero cuando llegan las elecciones descubrimos que México es mucho más complejo que cualquier tendencia en TikTok o Facebook. Lo que para unos representa un proyecto agotado, para otros sigue siendo una opción válida,  que algunos consideran un fracaso, otros lo perciben como una alternativa.

Lo mismo ocurre con todas las fuerzas políticas. Morena logró crecer porque conectó con una demanda de cambio que millones de ciudadanos sentían necesaria. El PAN conserva espacios importantes porque sigue representando valores y visiones con las que una parte de la población se identifica. El PRI, pese a los pronósticos sobre su desaparición, continúa encontrando regiones y sectores donde mantiene presencia.

Ninguna fuerza política representa a toda la sociedad y ninguna desaparece únicamente porque sus adversarios lo deseen. La historia está llena de partidos que parecían invencibles y terminaron perdiendo el respaldo ciudadano, también está llena de partidos que parecían acabados y encontraron la forma de reinventarse. Quizá por eso la soberbia suele ser una mala consejera en política.

Pensar que una fuerza gobernará para siempre es tan equivocado como creer que otra desaparecerá para siempre.

Más allá de las siglas, el verdadero reto para cualquier partido consiste en mantenerse cerca de la ciudadanía, las personas cambian, sus preocupaciones cambian, las nuevas generaciones llegan con prioridades distintas y con expectativas diferentes sobre lo que esperan de quienes ejercen el poder. Los partidos que entienden esos cambios encuentran oportunidades para mantenerse vigentes, los que dejan de escuchar terminan alejándose de la realidad y, tarde o temprano, enfrentan las consecuencias.

En tiempos de polarización, donde con frecuencia se celebra la derrota del adversario más que la construcción de acuerdos, vale la pena recordar una lección sencilla: la democracia no necesita enemigos derrotados, necesita opciones, competencia, pluralidad y ciudadanos capaces de elegir libremente entre distintas alternativas.

Por eso, cuando escuchamos que un partido está acabado, quizá la pregunta correcta no sea cuánto tiempo le queda de vida, sino qué tan capaz será de adaptarse a la sociedad que tiene enfrente.

Quizá por eso la política mexicana sigue sorprendiendo. Mientras algunos daban por muerto al PRI, encontró espacios para mantenerse vigente; mientras otros se asumen como la segunda fuerza política del país, enfrentan retrocesos tan significativos como la pérdida de registros locales. Al final, las urnas suelen recordarnos que ninguna fuerza política es eterna y que ninguna está condenada a desaparecer para siempre.

Conectajuarez no se hace responsable de los puntos de opinión de los columnistas que participan en este medio de comunicación, es responsabilidad única de quien lo escribe, el autor sostiene cada uno de sus argumentos.