Hay imágenes que valen más que cien comunicados oficiales. La de la presidenta Claudia Sheinbaum entregando el Balón de Oro del Mundial 2026 al español Rodri quedará como una de esas estampas que trascienden lo deportivo para instalarse de lleno en el terreno político.
Porque no fue solamente una ceremonia de premiación. En el palco estuvieron también el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Canadá, Mark Carney, los tres mandatarios de los países anfitriones de la Copa del Mundo. Un escenario donde el protocolo también juega su partido.
La escena resulta interesante por varias razones. Durante meses la relación entre México y Estados Unidos ha transitado por asuntos mucho más ásperos: migración, seguridad, comercio y aranceles. Sin embargo, el futbol consiguió lo que pocas cumbres logran: reunir a los líderes frente a millones de espectadores sin que el centro del espectáculo fueran las diferencias políticas.
Y mientras España levantaba la Copa del Mundo, la diplomacia encontró un escaparate inmejorable.
Quienes conocen la comunicación política saben que estos eventos no son casualidad. La fotografía de Sheinbaum estrechando manos, entregando el Balón de Oro y participando en la ceremonia protocolaria proyecta a México como un actor relevante en la organización del torneo más importante del planeta.
El mensaje viaja mucho más lejos que un discurso pronunciado desde Palacio Nacional.
También habrá quienes aprovechen la imagen para cuestionar. Nunca faltará quien pregunte si la presidenta debía estar en Nueva York mientras en México siguen acumulándose problemas de seguridad, salud o economía. La oposición seguramente intentará convertir el viaje en argumento político.
Aunque, siendo francos, difícilmente un jefe de Estado habría rechazado una invitación para representar a su país en la final del evento deportivo más visto del mundo.
Y eso sí… más de uno terminó sorprendido. Hace apenas unos años pocos imaginaban a Claudia Sheinbaum formando parte de una premiación mundialista, entregando el máximo reconocimiento individual del torneo y compartiendo escenario con Trump.
El verano de 2026 dejó una postal inesperada: la presidenta que muchos identificaban exclusivamente con la academia, la ciencia y los temas técnicos terminó convertida, aunque fuera por una tarde, en protagonista del universo fifas.
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