Máxima alerta en Ecuador tras avance del fenómeno de El Niño

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La medida del COE Nacional amplía la preparación en 17 provincias vulnerables y activa la aceleración de obras y protocolos, aunque todavía no hay una fecha definida para el inicio de lluvias

Ecuador decidió reforzar su preparación frente a uno de los fenómenos climáticos con mayor capacidad de alterar la economía y la vida cotidiana en la costa occidental de Sudamérica. El Gobierno elevó de amarilla a naranja el nivel de alerta por la evolución del fenómeno de El Niño y anunció un plan de inversiones cercano a los USD 600 millones para ejecutar obras preventivas y fortalecer la respuesta institucional antes de que comiencen las lluvias asociadas al evento.

La resolución fue adoptada por el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) Nacional después de que los organismos técnicos reportaran una evolución de las condiciones del océano Pacífico compatible con el desarrollo del fenómeno. Aunque las autoridades aclararon que todavía no existe una fecha definida para el inicio de las precipitaciones vinculadas a El Niño, concluyeron que el escenario justifica acelerar las medidas de prevención para reducir los riesgos sobre la población y la infraestructura.

La alerta naranja comprende 17 provincias, 143 cantones y 491 parroquias distribuidas entre la Costa, la Sierra y la Amazonía. Entre ellas figuran Esmeraldas, Manabí, Guayas, Los Ríos, Santa Elena, El Oro y Santo Domingo de los Tsáchilas, además de Pichincha, Cotopaxi, Bolívar, Chimborazo, Cañar, Azuay, Loja, Morona Santiago, Napo y Zamora Chinchipe. Se trata de territorios que históricamente han registrado inundaciones, desbordamientos de ríos y deslizamientos durante episodios intensos de El Niño.

La decisión ecuatoriana se produce mientras varios países del Pacífico sudamericano mantienen un seguimiento permanente de las anomalías registradas en la temperatura superficial del mar. Ecuador y Perú suelen ser los primeros territorios donde las alteraciones oceánicas se manifiestan con mayor intensidad debido a su ubicación frente al Pacífico ecuatorial, razón por la que ambos países constituyen un punto de referencia para el monitoreo regional del fenómeno.

El Niño forma parte de un ciclo climático natural que modifica la circulación atmosférica y la temperatura del océano Pacífico tropical. Sus efectos, sin embargo, trascienden las fronteras nacionales. Además de provocar lluvias extraordinarias e inundaciones en sectores de Ecuador y Perú, puede favorecer sequías en otras regiones de Sudamérica, alterar la productividad agrícola, afectar la pesca por el desplazamiento de especies marinas y modificar patrones climáticos que repercuten incluso en América del Norte, Asia y Oceanía.

En Ecuador, la prioridad inmediata será reducir la vulnerabilidad de las zonas consideradas críticas antes del inicio de la temporada lluviosa. Los cerca de USD 600 millones anunciados por el Gobierno estarán destinados a intervenciones como el mantenimiento y ampliación de sistemas de drenaje, limpieza de ríos y quebradas, reforzamiento de diques, rehabilitación de infraestructura vial, protección de redes de agua potable, adquisición de maquinaria para emergencias y fortalecimiento de la capacidad logística de las instituciones encargadas de la respuesta.

El cambio de nivel de alerta también implica una modificación en la forma de actuar del Estado. Mientras la alerta amarilla se centraba en el monitoreo y la planificación preventiva, la alerta naranja obliga a acelerar la ejecución de obras, revisar los planes de contingencia, preparar albergues temporales, fortalecer los sistemas de alerta temprana y coordinar permanentemente las acciones entre ministerios, gobiernos locales, Fuerzas Armadas, Policía Nacional, cuerpos de bomberos y organismos de socorro.

Las autoridades sostienen que intervenir antes de la llegada de las lluvias puede reducir considerablemente las pérdidas humanas y económicas. La experiencia de eventos anteriores respalda esa estrategia. Los episodios de El Niño de 1982-1983 y 1997-1998, considerados entre los más intensos del último siglo, provocaron graves inundaciones, destrucción de carreteras, puentes y sistemas de riego, afectaciones a la producción agrícola y pesquera y miles de personas damnificadas tanto en Ecuador como en otros países de la costa pacífica sudamericana.

El Ejecutivo ecuatoriano insistió en que la declaratoria de alerta naranja no significa que los efectos de El Niño ya se estén manifestando de forma generalizada en el país. La medida responde a una evaluación preventiva basada en la información generada por los organismos especializados y busca que las instituciones lleguen con obras ejecutadas y protocolos activados antes de que las condiciones meteorológicas puedan deteriorarse.