Falta todavía para que llegue 2027, pero en Chihuahua pareciera que el calendario político corre más rápido que el calendario de todos los demás. Los nombres comienzan a sonar, las fotografías empiezan a tener otras lecturas, aparecen encuestas, reuniones, respaldos y posicionamientos. Cada declaración parece esconder una intención y cada movimiento comienza a interpretarse pensando en la próxima elección.
Mientras tanto, afuera de esa conversación existe otro calendario.
Es agosto, y para miles de familias eso significa regreso a clases, listas de útiles, uniformes, zapatos, inscripciones y mochilas. Significa hacer cuentas y decidir qué puede reutilizarse del ciclo anterior, para muchas familias significa preguntarse no quién aparecerá en la boleta de 2027, sino cuánto dinero necesitan para terminar esta quincena.
Son dos realidades que suceden al mismo tiempo, quienes participan en política suelen comenzar a pensar demasiado pronto en la siguiente elección, mientras la ciudadanía inevitablemente tenemos que seguir pensando en el día siguiente.
En Chihuahua ya hablamos de aspirantes, preferencias y posibles candidaturas. Vemos movimientos en los partidos y alrededor de quienes aspiran a gobernar el estado y los principales municipios. Nada de eso debería sorprendernos, la política también implica organización, construcción de proyectos y competencia. El problema comienza cuando la siguiente elección ocupa más espacio que el presente .Porque 2027 llegará pero antes todavía quedan muchos días de 2026.
Hablamos de días en los que alguien tendrá que esperar un camión, recorrer calles llenas de baches, buscar atención médica, pagar un recibo de luz, conseguir empleo, llevar a sus hijos a la escuela o preguntarse si el dinero alcanzará hasta la próxima quincena. Ahí debería estar la verdadera política.
A veces hemos reducido tanto la conversación pública a nombres y partidos que olvidamos algo elemental: a la mayoría de las personas no les interesa la política de la misma manera que a quienes vivimos cerca de ella, el ciudadano común probablemente no despierta preguntándose quién encabeza una encuesta, despierta pensando en llegar a tiempo al trabajo, no pasa la tarde analizando quién apareció junto a quién en una fotografía, está pensando qué va a preparar de comer y seguramente tampoco dedica la noche a calcular alianzas electorales si no a hacer cuentas, eso no significa que la ciudadanía sea indiferente significa que sus prioridades son distintas. Cosa que el poder debería recordar más seguido..
Hay una enorme diferencia entre recorrer una colonia para construir una candidatura y recorrerla para entenderla. Entre tomarse una fotografía con alguien y conocer realmente su problema, entre escuchar para responder y escuchar para resolver.
En los próximos meses veremos todavía más movimiento. Habrá encuestas, reuniones, eventos, declaraciones, espectaculares, confrontaciones y estrategias. Cada partido buscará colocarse en mejores condiciones para competir y cada aspirante intentará convencer de que representa la mejor opción. Es parte del juego, pero también debería existir otra competencia: la de demostrar quién es más útil hoy, quién resuelve mejor, quién permanece cuando no hay cámaras y entiende que gobernar no consiste en ganar una elección, sino en justificar todos los días por qué se ganó.
Porque si, los ciudadanos también tenemos memoria, aunque durante mucho tiempo algunos hayan apostado a que no
2027 llegará de forma inevitable con sus campañas, discursos y boletas. Pero mientras algunos calculan dónde estarán parados entonces, millones de personas hacen cuentas urgentes para saber cómo llegar a mañana. La mejor manera de prepararse para la próxima elección no es hablar tanto de ella, sino cumplir con el trabajo de hoy.
Antes que electores, somos ciudadanos. Y nuestra vida no sucede cada tres años; sucede todos los días.
Conectajuarez no se hace responsable de los puntos de opinión de los columnistas que participan en este medio de comunicación, es responsabilidad única de quien lo escribe, el autor sostiene cada uno de sus argumentos.



