Aquí el status socioeconómico no vale nada: The Last First: Winter K2

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Excélsior conversó con el director detrás de esta serie documental en la que pusieron a prueba el ímpetu y espíritu del ser humano.

El cineasta Amir Bar-Lev decidió ir más allá al concebir un documental no sólo como un espectáculo de supervivencia, sino como una exploración polifacética de los valores humanos en condiciones extremas y de las malas decisiones. Todo esto en The Last First: Winter K2, donde un grupo de alpinistas —profesionales y amateurs— se embarca en el reto de lograr el primer ascenso invernal al monte Godwin-Austen, conocido también como K2, la segunda montaña más alta de la Tierra.

“Lo interesante de esta historia es que se desarrolla en uno de los lugares más inhóspitos del planeta: de acceso extraordinariamente difícil, terriblemente peligroso, casi como estar en otro mundo; pero, en el fondo, es una historia sobre seres humanos que son iguales allá que aquí, al nivel del mar. De hecho, a veces pienso en ella como una obra de ciencia ficción, porque lo interesante del género es que, aunque la trama ocurra en el espacio, los humanos siempre llevamos nuestras fortalezas y debilidades a dondequiera que vayamos.

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Y así fue con Winter K2; mucho de lo que afrontamos y con lo que lidiamos en el resto del planeta ocurrió ahí. Hubo desigualdad de ingresos, un ajuste de cuentas racial, desesperación por parte de algunos y aburrimiento por parte de otros más privilegiados; también influyeron la comercialización y las redes sociales. Esos son los aspectos que realmente me atrajeron, más allá de ser una historia de supervivencia apasionante”, compartió el realizador.

Para el documentalista estadunidense, algo indispensable para encarar el proyecto fue aprender sobre montañismo —un tema que desconocía— y comprender la relación entre las cimas más altas del mundo y el hombre a lo largo del tiempo. Así descubrió que en casi todas las culturas del planeta existe un mito, leyenda o superstición que prohíbe llegar a la cumbre de estas montañas.

Es justo esa herencia cultural la que choca con la actualidad: mientras existen pueblos originarios que consideran que los dioses habitan en las alturas y por eso las respetan, la oferta comercial dirigida a consumidores occidentales resulta cada vez más atractiva. Sin embargo, no cualquiera que desee intentar la proeza está calificado o entrenado para lograrlo.

“Creo que nuestro interés por alcanzar la cima de estas montañas —o conquistarlas, como suele decirse— es algo muy reciente. Tiene mucho que ver con la sensación de que en Occidente la vida es demasiado fácil; existe un sentimiento de aburrimiento que lleva a querer correr riesgos.

No juzgo esa actitud porque la comprendo. Me gusta mucho la película WALL-E; se la puse a mis hijos porque es una historia que sirve de advertencia sobre lo que sucede cuando dejamos de desafiarnos y todo se vuelve excesivamente sencillo.

“El caso del K2 en invierno pone de manifiesto que no todo el mundo en el planeta siente la necesidad de arriesgar la vida por adrenalina; algunas personas lo hacen para alimentar a sus familias, y esa es una de las dinámicas más complejas en juego”, explicó.

En el invierno de 2021, cinco alpinistas experimentados murieron en el intento de conquistar la cima del K2. Formaban parte de unas 60 personas que ese año intentaron completar el ascenso o simplemente documentarlo para sus redes sociales.

A partir del material grabado por tantas cámaras de manera simultánea, Amir-Bar-Lev tuvo la oportunidad de seleccionar las tomas necesarias para estructurar la producción que llega a la pantalla digital a través de Apple TV+.

“Editamos durante un año porque había 60 personas en la montaña y casi todas llevaban algún tipo de cámara. Básicamente, teníamos 60 historias distintas. Hubo profundos debates internos sobre si debíamos centrarnos en un solo personaje o en varios. Es como hacer malabares: si intentas manejar demasiados objetos, al final se te caen todos. El criterio final para definir la perspectiva fue buscar un equilibrio: tomábamos un punto de vista y nos preguntábamos quién tenía la postura opuesta, obligando así al público a cuestionar sus propios valores.

No hay villanos ni héroes. Es un drama deportivo apasionante que combina la supervivencia y la competición, pero también reflexiona sobre la condición humana. Espero que haga que la gente debata al salir del cine o al levantarse del sofá”, concluyó el cineasta.

La serie documental estará disponible desde el 2 de octubre en la pantalla de Apple TV+.