Una sale de casa pensando en los pendientes, en el trabajo, en la hora de regreso. Pide un viaje, sube a un automóvil y continúa su día. Rara vez imagina que algo tan cotidiano pueda terminar en una detención y que volver con su familia dependa de lograr que las autoridades escuchen su versión.
El caso de Ninfa Márquez, una mujer de Ciudad Juárez y madre de dos hijas, nos obliga a pensar en esa posibilidad. En septiembre se hizo público que enfrentaba en prisión un proceso relacionado con el robo de pelucas y extensiones en una estética. Detrás de la acusación hay una vida interrumpida y una familia que también enfrenta las consecuencias.
Hasta finales de la semana pasada, Ninfa seguía en prisión, después de más de un mes privada de su libertad. Para ella y su familia, la espera tiene un peso que difícilmente cabe en un expediente. Cada día lejos de casa es tiempo que no se recupera, aun cuando después las autoridades puedan corregir una decisión.
El diputado Óscar Avitia llevó el caso al Congreso del Estado y presentó una reconstrucción que plantea una pregunta difícil de ignorar: ¿cómo pudo participar presencialmente en un robo en Juárez una mujer que, según los registros expuestos, se encontraba en Chihuahua capital?
De acuerdo con ese planteamiento, fotografías, registros de asistencia a una capacitación y horarios del viaje de regreso la ubicarían fuera de Juárez cuando ocurrió el delito. El legislador sostuvo que fue detenida al día siguiente, mientras viajaba como pasajera en un vehículo de plataforma relacionado con el robo.
Si esos elementos respaldan que estaba en otro lugar, merecen una valoración seria y una respuesta clara. ¿Cómo se examinaron? ¿Qué razones sostienen la acusación frente a ellos? ¿Con qué fundamento se decidió que debía enfrentar el proceso en prisión? Son preguntas que las instituciones tienen la responsabilidad de responder.
Lo que inquieta es imaginarse en su lugar: saber dónde estabas, recordar con quiénes conviviste y aun así tener que esperar desde una celda a que tu versión sea escuchada. Cualquiera puede subir a un automóvil sin conocer su historia o coincidir con personas cuyos actos desconoce. Esas circunstancias deben investigarse con rigor antes de atribuir responsabilidades.
Nadie está exento de encontrarse en el lugar equivocado a la hora equivocada. Esa frase, que a veces decimos con ligereza, adquiere otro significado cuando pensamos que una coincidencia podría costarnos la libertad. Necesitamos confiar en que habrá autoridades capaces de distinguir entre estar cerca de un delito y haber participado en él.
La prisión preventiva no es una condena. Cuando se solicita por riesgos para el proceso, el juez debe explicar por qué otras medidas serían insuficientes: qué peligro concreto existe y por qué requiere encarcelamiento. También hay supuestos de prisión preventiva oficiosa. Conocer el fundamento de cada decisión permite exigir cuentas sin confundir una acusación con culpabilidad.
Avitia comparó este caso con el de un conductor acusado por un accidente mortal cerca del Hospital Ángeles, en Chihuahua. Según la cobertura periodística, a este último se le permitió continuar bajo resguardo domiciliario, con brazalete y restricciones, por razones de salud. El contraste obliga a preguntar cómo se valoran las circunstancias personales y qué alternativas se consideran para cada quien.
Dos expedientes distintos pueden requerir decisiones diferentes. Pero esas diferencias necesitan razones comprensibles. La ciudadanía merece saber que las alternativas legales y la atención cuidadosa a los elementos de defensa están al alcance de todos. La percepción de justicia selectiva crece cuando unas decisiones encuentran explicación y otras parecen cerrarse a cualquier pregunta.
Para quienes esperan afuera, la ausencia también tiene consecuencias: cuidados que deben reorganizarse, ingresos que pueden perderse, incertidumbre y un señalamiento público difícil de borrar. No hace falta conocer personalmente a Ninfa para entender lo que está en juego. Basta pensar en nuestra madre, nuestra hermana, una amiga o en nosotros mismos.
Esperamos que la justicia llegue pronto para Ninfa, con una revisión seria de los elementos que cuestionan su participación. También necesitamos esa certeza para todos: que, si algún día una confusión nos alcanza, seremos escuchados y los hechos serán examinados con el mismo cuidado. Una justicia en la que no podemos confiar cuando somos vulnerables deja de ofrecer la protección que todos necesitamos para salir de casa sin miedo.
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