JAVIER CORRAL Y LA CASA QUE SÍ RECUERDA

RAYOS Y CENTELLAS Por Luis Carlos Carrasco

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En Ciudad Juárez amaneció una casa rayada, adornada con un arreglo funerario y convertida, por unas horas, en monumento involuntario a la memoria selectiva. No fue cualquier domicilio: era una de las viviendas del exgobernador de Chihuahua y hoy senador morenista Javier Corral Jurado.

La escena parecía salida de una producción regional de Netflix: pintas en la barda, mensajes de “DEP” y flores en la entrada. Pero lo verdaderamente incómodo no fueron los daños materiales, sino el nombre escrito sobre el muro: Esperanza Miranda Molinar. Porque las bardas tienen algo terrible: a veces leen expedientes.

Según las acusaciones hechas en su momento por Miranda Molinar, el inmueble habría terminado en manos de Corral mediante presuntos engaños durante el proceso de adquisición. Es decir, no era una protesta cualquiera; era un recordatorio inmobiliario con aerosol y corona fúnebre incluida.

Y qué ironía. Durante años, Javier Corral construyó una carrera política hablando de combate a la corrupción, legalidad, ética pública y superioridad moral. Era el cruzado anticorrupción de Chihuahua, el fiscal moral itinerante, el hombre que parecía desayunar transparencia y cenar denuncias.

Pero en México existe una ley física no escrita: mientras más discursos sobre honestidad pronuncie un político, más probable es que una barda termine contradiciéndolo.

Lo interesante del caso es que la casa vandalizada no fue vista como hogar, sino como símbolo. En este país, cuando una propiedad carga historias de presuntos despojos, deja de ser inmueble y se convierte en archivo urbano.

La corona fúnebre fue, quizá, el detalle más mexicano de todos. Aquí no se cancelan políticos: se les vela simbólicamente. Somos un país tan creativo que hasta el reclamo social parece mezcla entre protesta, funeral y performance callejero.

Y mientras tanto, Morena seguramente enfrenta otro de esos dilemas incómodos que últimamente colecciona: incorporar figuras que antes combatían al sistema… hasta que descubrieron que el sistema tenía vacantes, fuero y mejores oportunidades laborales.

Corral pasó de opositor feroz a integrante distinguido de la 4T con la velocidad ideológica de quien encuentra estacionamiento VIP. Lo cual confirma otra vieja tradición nacional: en México los principios políticos no mueren, sólo se reasignan.

Al final, la casa quedó pintada, pero la imagen pública también. Porque hay manchas que salen con pintura nueva. Y otras que ni con cambio de partido.

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