SORPRESA CON GI LOYA EN LA ENCERRONA AZUL DE LA 5 DE MAYO

RAYOS Y CENETELLAS Por Luis Carlos Carrasco

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Vaya sorpresa la que dejó la encerrona en el edificio de 5 de mayo y 16 de septiembre —ese mismo que hace apenas unos meses estuvo más cerca del embargo que de la operación política—. Ahí, sin demasiados reflectores, pero con mensajes bastante claros, apareció la figura central del panismo chihuahuense: María Eugenia Campos Galván.

Y no llegó de paseo. Lo que oficialmente se manejó como una “junta informativa” terminó siendo, en los hechos, una demostración de músculo político. De esas que no se anuncian como tales, pero que dejan eco en los pasillos.

Según los que estuvieron dentro —y que no fueron pocos—, Ciudad Juárez ya presume algo que pocos pueden decir en estos tiempos: el 100 por ciento de sus representantes generales cubiertos. En lenguaje de campaña: estructura lista.

Ejército alineado. Fusiles aceitados antes del primer disparo electoral. Nada de improvisaciones. Nada de andar reclutando al vapor el día de la elección. Aquí, dicen, hay orden, hay estrategia y, sobre todo, presencia asegurada en casillas. Algo que, para la oposición local, sigue siendo más aspiración que realidad.

Pero si eso ya era suficiente para levantar cejas, lo que realmente puso a más de uno a hacer cuentas fue otro detalle. La presencia —nada discreta— de Gilberto Loya Chávez. El llamado “ Capitán Centinela” no solo estuvo presente: compartió mesa, protagonismo y lectura política junto a Ulises Pacheco y Daniela Álvarez, bajo la mirada —y el aval— de la gobernadora. El mensaje fue seco. Sin rodeos. Loya está en la jugada. Y no como espectador -Le late el corazón-.

En política, hay reglas no escritas que pesan más que cualquier discurso. Una de ellas es simple: quien es convocado por la jefa a una reunión de este nivel, no llega por cortesía. Llega porque cuenta. Porque está considerado. Porque tiene boleto. Así de claro.

La foto que deja el PAN en Juárez es la de una maquinaria aceitada, con estructura completa y con piezas clave moviéndose en sincronía. Nombres como Marco Bonilla y Gilberto Loya comienzan a aparecer en el mismo tablero, no como coincidencia, sino como parte de una coreografía política cuidadosamente armada.

El cierre de la gober María Eugenia Campos Galván fue el esperado: llamado a la unidad, a dejar de lado diferencias internas y a cerrar filas. Nada nuevo en el discurso. Pero distinto en el contexto. Porque cuando el mensaje de unidad llega acompañado de estructura, de nombres en movimiento y de señales tan evidentes, deja de ser un simple exhorto. Se convierte en línea.

Y en el PAN de Chihuahua, al menos por ahora, parece que esa línea se empieza a ver.

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