Se agota el tiempo rumbo a las campañas electorales y los oponenentes a Cruz Pérez Cuéllar para que no sea designado como candidato a la gubernatura no salen de su estrategia golpeadora.
Táctica fallida.
Mis amigos panistas creen que señalo esto con el fin de molestarlos, o porque si no me uno al corifeo de señalamientos y denuncias, es porque quiero favorecer a su adversario.
Pero no.
Es sólo que mi visión es de amplia perspectiva y luego de verlos experimentar contundentes fracasos, reitero que no es el camino a seguir.
Pero parecen enceguecidos y reacios a buscar alternativas.
Están obsesionados en elaborar sistemáticas denuncias en su contra.
Su objetivo, acreditar a toda costa la corrupción del personaje.
Aparentes amenazas de represión y corrupción.
Y no salen de ese círculo vicioso.
No ven más allá de su nariz.
El electorado, ese animal político que huele la sangre, suele abrazar al desvalido como si fuera un cachorro en medio de una jauría.
La lógica es simple: quien recibe los golpes despierta simpatía, quien los reparte despierta sospecha.
Pero mis amigos panistas, tan devotos del látigo, insisten en vapulear a su adversario como si la psicología inversa fuera un mito urbano.
Y así, entre insulto y descalificación, terminan construyendo al mártir que ellos mismos quisieran crucificar.
Ya los destrozó en las pasadas elecciones y todo parece indicar que así será de nuevo.
Aprovecho lo que queda de espacio para notificarles que estaré ausente algunos días por cuestiones de salud.
Ténganme un poco de paciencia.
Saludos
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