SOBERANÍA Y CUENTAS CLARAS

ESENCIA Y VOZ Por Karina Villegas

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La soberanía no se pierde de un día para otro. No desaparece únicamente con invasiones o conflictos armados. A veces comienza a debilitarse en silencio, entre omisiones, falta de transparencia y gobiernos que olvidan que, en temas de seguridad nacional, las explicaciones claras no son opcionales.

Lo ocurrido recientemente en Chihuahua con la presunta participación de agentes estadounidenses en operativos dentro del estado ha encendido una discusión necesaria: ¿hasta dónde puede llegar la cooperación internacional y en qué momento comienza la subordinación?

Quienes vivimos en la frontera entendemos mejor que nadie la complejidad de la relación entre México y Estados Unidos. Compartimos economía, familias, trabajo y también una lucha permanente contra la violencia y el crimen organizado. Nadie puede negar la necesidad de coordinación entre ambos países. La seguridad es un reto binacional y sería irresponsable fingir lo contrario.

Pero también hay algo que no puede negociarse: la soberanía mexicana.

Por eso resulta importante la postura asumida por la presidenta Claudia Sheinbaum al exigir claridad e investigaciones sobre lo sucedido en Chihuahua. Porque defender la soberanía no significa negar los problemas de inseguridad; significa que cualquier colaboración debe realizarse bajo reglas claras, con autorización institucional y dentro del marco legal mexicano.

La cooperación si la opacidad no. Y justamente ahí es donde el Gobierno de Chihuahua sigue dejando demasiadas dudas.

Durante días escuchamos versiones distintas, declaraciones contradictorias y una preocupante falta de claridad sobre quién autorizó la participación de agentes extranjeros, qué nivel de intervención tuvieron y por qué el Gobierno Federal aseguró no haber sido informado oportunamente.

En un estado fronterizo como Chihuahua, eso no puede minimizarse.Porque cuando hablamos de seguridad y soberanía, las zonas grises son peligrosas. La ciudadanía merece saber qué ocurrió, quién tomó decisiones y bajo qué facultades se actuó. No por capricho político, sino porque la rendición de cuentas es una obligación democrática.

Resulta todavía más delicado que las investigaciones hayan tenido que escalar al ámbito federal para intentar esclarecer los hechos. Eso deja ver una descoordinación institucional preocupante entre el Gobierno estatal y la Federación en uno de los temas más sensibles para cualquier país: el control de las acciones de seguridad dentro de su territorio.

Y aquí vale la pena decirlo con claridad: Chihuahua no es cualquier estado.

Somos frontera. Somos paso estratégico. Somos una de las regiones más observadas por ambos países. Lo que sucede aquí tiene repercusiones nacionales e internacionales. Por eso las autoridades estatales tienen una responsabilidad todavía mayor de actuar con transparencia y absoluta coordinación institucional.

No se trata únicamente de combatir al crimen. También se trata de cuidar la legitimidad del Estado mexicano.

A veces pareciera que, ante la urgencia de resolver la violencia, algunos consideran válido actuar primero y explicar después. Pero la soberanía no puede depender de improvisaciones ni de acuerdos poco claros. Mucho menos en un contexto donde México históricamente ha tenido que defender su autonomía frente a presiones externas.

La frontera necesita cooperación, sí. Pero nunca subordinación.

Y precisamente quienes vivimos aquí entendemos mejor que nadie la importancia de mantener una relación sana con Estados Unidos sin permitir que eso signifique debilitar las instituciones mexicanas o normalizar acciones que debieron manejarse con total transparencia desde el primer momento.

Hoy más que nunca debemos seguir exigiendo soberanía, pero también rendición de cuentas; porque ambas cosas van de la mano.

Un país soberano no es solamente aquel que pone límites hacia afuera; también es aquel cuyos gobiernos son capaces de responder con claridad hacia adentro. Un país fuerte no es el que guarda silencio frente a las dudas ciudadanas, sino el que entiende que la confianza pública se construye hablando con verdad.

Y Chihuahua le debe muchas respuestas a su gente.

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