LA INDIFERENCIA TAMBIÉN MATA

ESENCIA Y VOZ Por Karina Villegas

0
102

Hay imágenes que duelen por lo que muestran, pero hay otras que duelen todavía más por lo que revelan de nosotros como sociedad.

Esta semana, Ciudad Juárez volvió a convertirse en escenario de una tragedia que nos sacudió a todos. Un adolescente perdió la vida tras ser atropellado mientras vendía mercancía entre los vehículos en el Puente Internacional Córdova-Américas.

Las autoridades tendrán la responsabilidad de investigar los hechos y castigar al responsable, pero más allá del expediente judicial, hay una pregunta que no deja de rondar mi cabeza: ¿en qué momento nos volvimos tan indiferentes?

Los reportes y el video que circula en redes muestran que el conductor ni siquiera se detuvo para auxiliar al menor; por el contrario, presuntamente intentó huir. Cuesta entender cómo alguien puede arrollar a una persona y seguir su camino como si nada hubiera pasado, cuando una vida está en riesgo lo mínimo que se espera es detenerse, pedir ayuda y asumir la responsabilidad de los propios actos. No hacerlo no sólo podría constituir un delito; también refleja una preocupante pérdida de humanidad.

Pero sería un error pensar que esta historia comenzó con el impacto.

La realidad es que ese adolescente llevaba días, semanas o quizá meses caminando entre los vehículos de uno de los cruces fronterizos más transitados del país. Miles de personas lo vimos algunos le compraron algún artículo de los que vendía; otros simplemente siguieron su camino. Poco a poco dejó de llamar nuestra atención, lo convertimos en parte del paisaje.

Y eso, es lo más doloroso porque cuando normalizamos que un niño, niña o un adolescente tenga que jugarse la vida entre el tráfico, soportando temperaturas extremas para llevar dinero a casa, algo se está fracturando como sociedad, nos acostumbramos tanto a esa realidad que dejamos de cuestionarla, dejamos de preguntarnos por qué hay menores vendiendo o pidiendo dinero en los puentes y semáforos de nuestra ciudad, como si fuera algo inevitable.

La indiferencia tiene muchas caras, está en quien decidió no detenerse, está en las instituciones que durante años han permitido que menores permanezcan en zonas de alto riesgo sin una estrategia de fondo pero también está en nosotros, se asoma cada vez que subimos el vidrio para no mirar, cuando el semáforo cambia a verde y seguimos nuestro camino sin preguntarnos quién era ese niño o qué historia había detrás de él.

Nos acostumbramos demasiado rápido al dolor ajeno.

Vivimos en una época donde las noticias duran apenas unas horas, hoy nos indignamos en redes sociales; mañana otro tema ocupa la conversación y seguimos adelante, pero para una familia el tiempo se detuvo para siempre hay un lugar vacío en una mesa, una habitación que ya no volverá a ocuparse y un proyecto de vida que terminó demasiado pronto.

Quizá la pregunta más importante ya no sea por qué un conductor no se detuvo, la verdadera pregunta es por qué nosotros dejamos de detenernos hace mucho tiempo, dejamos de exigir soluciones, dejamos de cuestionar que hubiera menores trabajando entre los automóviles y empezamos a verlos como parte del paisaje urbano. La indiferencia no llega de golpe; se instala poco a poco, hasta que un día termina cobrándonos una vida.

Ojalá esta tragedia no termine archivada en un expediente judicial ni quede reducida a un video viral que olvidaremos en unos días ojalá nos recuerde que ninguna prisa, ningún compromiso y ningún destino pueden valer más que una vida humana, no podemos cambiar lo que ocurrió, pero sí podemos decidir qué hacemos con la lección que nos deja. Que esta tragedia no sea una cifra más ni un nombre que pronto olvidemos es momento de volver la mirada y exigir que ningún niño tenga que arriesgar su vida para llevar el sustento a su casa.

Juárez siempre se ha caracterizado por ser una ciudad fraterna, humana y solidaria. No permitamos que las prisas, la rutina o la indiferencia nos arrebaten esa esencia. Que esta tragedia no sólo nos invite a exigir justicia, sino también a recuperar la capacidad de detenernos, mirar al otro y actuar con empatía.

Conectajuarez no se hace responsable de los puntos de opinión de los columnistas que participan en este medio de comunicación, es responsabilidad única de quien lo escribe, el autor sostiene cada uno de sus argumentos.